El día que llegó la Revolución al Portal las Palomas
Por:
Gabriela Sofía Magallanes - 15 de nov de 2004.Corrimos despavoridos, los constituyentes entraron a la calle Mayor en un gran estruendo, pero el griterío realmente despuntó cuando apareció el fuego, ni federales ni los de Defensa Social les hicieron frente. Los chamacos gritaban, el portal era un desastre, algo de cabello se me chamuscó, las enaguas se trozaron al andar entre el tropel que empujaba; y de reboso ya no supe. Ardían las canastas y sus contenidos, el alboroto provenía de la plaza, la gente se desperdigaba buscando salida. No supe qué hacer luego que fui en el sentido contrario de la muchedumbre y vi que la calle principal estaba también invadida por el fuego, regresé al portal, donde ya las vigas eran alcanzadas.
Hoy al volver he visto titipuchal de escombros por todas partes, huele a humo mojado por el rocío de la madrugada, dicen que haber tomado ya la capital es un gran logro para la causa, que repartirán las tierras a los campesinos, que todos tendremos derecho a trabajarla por nuestra cuenta, que las leyes harán que los pobres tengan propiedades... el portal es una ruina.
Espero por si acaso apareciera. Ojalá no llueva, porque entonces la tristeza se desprendería de la tierra asumiendo la cara de esta ciudad. Se suspendió el tranvía, toda la calle Principal está desarticulada, el café “La Unión” se encendió, se dice que era necesario tumbarles a los caciques sus grandes edificios, su opulencia, para demostrar que el pueblo tiene poder, que ya hay un chorro de triunfos en todo México.
No lo veo por ningún lado, la vista se hace un chisguete, trato de alargarla y el horizonte se esconde tras la Catedral, luego pierde las siluetas en una humareda de frío. Regreso donde el portal, pero su mueca me echa y retrocedo mirándolo, como si alguna vez lo hubiera tenido, como si alguna vez hubiera sido mío. Siento su presencia ya muy lejana, su bullicio en las mañanas, su timidez por las tardes; a fin de cuentas, nada es para siempre, ninguna columna, ninguna piedra sobre otra, ningún hombre... quizá un pedazo de tierra.








